Descubierta en Atapuerca la mandíbula del homínido más antiguo de Europa

El europeo más viejo de la historia vivió en la sierra de Atapuerca hace 1,2 millones de años, un dato sobre el que los científicos ya estaban trabajando pero que ha corroborado el hallazgo de su mandíbula en este yacimiento burgalés. La revista Nature publica en su último número el artículo 'El primer homínido de Europa', que recoge las principales conclusiones del nuevo descubrimiento del equipo investigador de Atapuerca, dirigido por Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez y Eudald Carbonell, y que se produjo el 30 de junio de 2007. Los científicos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) de Burgos y del Institut Catalá de Paleoecología Humana i Evolució Social (IPHES) de Tarragona evidencian con multitud de pruebas la presencia de homínidos en el sur de Europa en una fase muy temprana del Pleistoceno Inferior.

En la imagen, la mándibula encontrada en Atapuerca. /NATURE

Perteneciente al Homo antecessor

La mandíbula, encontrada en la cueva denominada Sima del Elefante y vinculada "provisionalmente" a la especie Homo antecessor, "confirma y refuerza la teoría de la antigüedad de la presencia de los primeros homínidos que llegaron a Europa", según han informado fuentes de la investigación. En el estrato de la cavidad donde apareció el fósil, denominado TE-9, se han localizado también utensilios de sílex de tradición Olduwaiense así como especies de roedores que demuestran el espacio temporal al que pertenece el hallazgo.

El hueso consiste sobre todo en la sínfisis, la región anterior de la mandíbula donde se reúnen las ramas horizontales mientras que, en su parte externa, se localizaría el mentón del humano actual. La mandíbula conserva algunos dientes y a ella corresponde además un segundo premolar inferior que fue encontrado dos días antes en el nivel TE-9, y que se presentó a los medios de comunicación el 29 de junio de 2007. Este descubrimiento fue crucial, al igual que el de este nuevo fósil, porque hace retroceder en casi medio millón de años la llegada de los primeros homínidos a Europa.

En cuanto a la procedencia originaria del espécimen, aún por determinar, se apunta que la morfología de la cara anterior de la sínfisis es primitiva y recuerda a la de fósiles africanos del Pleistoceno Inferior atribuidos a Homo habilis y Homo rudolfensis. En particular, el fósil de la Sima del Elefante tiene muchas similitudes con las mandíbulas encontradas en el yacimiento de Dmanisi (República de Georgia) que datan de 1,7 millones de años. Por el contrario, la cara posterior de la sínfisis tiene un aspecto más derivado que, según los investigadores, recuerda a ciertas mandíbulas de Asia.

Técnicas utilizadas

Los científicos creen "probable" que la primera población europea proceda de la región del Oriente Próximo, verdadero cruce de caminos entre África y Eurasia, y que estuviera relacionada con la primera expansión demográfica fuera de África que, en la actualidad, está representada por los homínidos de Dmanisi.

Las herramientas, hasta un total de 32 piezas, fueron probablemente realizadas en el interior de la cavidad a partir de nódulos de sílex del Neógeno y Cretácico, que se localizan en un radio menor a dos kilómetros en torno a este lugar. La técnica de producción de las piezas es muy sencilla y su objetivo era obtener lascas de entre 30 y 75 milímetros de longitud mediante un percutor duro. Con ellas, los homínidos aprovechaban la carne de los grandes herbívoros, como muestran las marcas que los útiles líticos dejaron sobre algunos huesos.

Los científicos han sido capaces de obtener todas estas pruebas mediante la utilización de una variedad de técnicas, como paleomagnetismo, biocronología y el estudio de la descomposición radiactiva de los isótopos en los sedimentos.

(Efe, Madrid), Descubierta en Atapuerca la mandíbula del homínido más antiguo de Europa, larioja.com, 26 de marzo de 2008

Y llegó el seiscientos

A finales de los años sesenta, cuando soviéticos y estadounidenses se enzarzaban en una nueva disputa, esta vez por la conquista del espacio, Europa, que aún quedaba del otro lado de los Pirineos, sentaba las bases de la Comunidad Europea con la creación del Mercado Común. El Gobierno autárquico de Franco, agobiado por una alta tasa de inflación, una subida descontrolada de los precios y un escasísimo número de exportaciones que no contrarrestaba el nivel de importaciones, daba un giro necesario y obligado hacia la tecnocracia. Era el principio de lo que luego se llamó el milagro económico español, al frente de cuya simbología se sitúo un vehículo de 633 centímetros cúbicos que costaba unas 65.000 pesetas (390 euros) y que podía ser cómodamente pagado a plazos: el Seat seiscientos, el «pelotilla», todo un icono de estatus social para la clase media.

«El emigrante»

En 1957 se fabricaron 16.000 unidades y había listas de espera de hasta un año. Tiempos relativamente felices aquéllos del despegue económico, sustentado en buena parte por el dinero que los millones de emigrantes enviaban desde sus destinos, especialmente europeos y americanos. A ellos Juanito Valderrama les dedicó el mayor éxito de su carrera, «El emigrante». Pero tiempo también de desastres, como el de la riada de Valencia, con consecuencias devastadoras en vidas humanas y bienes materiales, o el inicio de la Guerra de Ifni contra Marruecos, en el que perdieron la vida unos 300 soldados españoles, cuyas muertes fueron silenciadas por la censura, salvo aquellas que pudieron ser adornadas por el componente de la épica

Un escenario el del Sahara español por el que se dejaron ver, con ánimo de subir la moral de la tropa, artistas de la talla de Carmen Sevilla o del humorista Gila. Otros, sin embargo, anunciaban su retirada, como Concha Piquer, cuya voz se borró de los escenarios por serios problemas de garganta. Sara Montiel, por su parte, estrenaba en España «El último cuplé», una de las películas más taquilleras de la historia de nuestro cine. Mientras en la radio triunfaba el melodrama Ama Rosa, en el exilio de Santurce (Puerto Rico) fallecía en 1958 el poeta Juan Ramón Jiménez. Infiltrados entre el numeroso público que acudió a recibir en España el féretro con los restos mortales del más destacado exponente de la Generación del 27 había miembros de la Brigada Social, atentos ante cualquier petición de libertad por parte de los intelectuales españoles.

Juan XXIII, el Papa amable, sucedía en el Vaticano al fallecido Pio XII. En Cuba, el Ejército de Liberación, comandado por Fidel Castro, se alzaba en armas contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Luis Conde-Salazar, Y llegó el seiscientos, ABC, 21 de marzo de 2008

Expertos e investigadores analizan al Marqués de la Romana y su tiempo

El año 1808 pasará a la Historia como el del levantamiento de los españoles contra el invasor francés, que se movía a las órdenes de Napoleón. Fue un tiempo no sólo convulso para nuestro país, ya que abarcó a una Europa abocada a la catástrofe por la ambición destructora de un hombre poderoso. Hubo naciones que presentaron una actitud bélica; otras se posicionaron en campos de neutralidad, aunque, a pesar de ello, se vieron obligados a abandonarlos, caso de Dinamarca. Pero estos terribles conflictos permiten, en medio de una cadena de desgracias, que surjan hombres que, por sus méritos, se inscriben entre los nombres de aquellos que dan gloria a su patria. Es el caso del capitán general Don Pedro Caro y Sureda, tercer Marqués de la Romana. Persona ilustrada, su adolescencia y juventud transcurrieron entre estudios en Francia, Salamanca y en el Seminario de Nobles de Madrid hasta su ingreso en la Marina Real. Como militar, también en tierra firme, culminaría la gesta, cuyo bicentenario se cumple este año.

El Marqués de la Romana, retratado por Vicente López

Es el caso que en 1806, dentro de los pactos entre España y Napoleón, existía una cláusula secreta según la cual el ejército español prestaría ayuda al Emperador. Para cumplirla, marcharon con rumbo a Dinamarca 14.000 soldados al mando de la Romana. No obstante, hay que señalar que no eran tropas al uso típico y tópico. Para empezar, don Pedro era un liberal ilustrado poseedor de una gran biblioteca. En ella, por ejemplo, libros aparte, había unos 8.000 documentos clasificados en 47 legajos que, según el anticuario Luis Crespi de Valldaura, eran «quizá la más amplia de documentos del inicio de la Guerra de la Independencia española». El hombre al que tanto le apasionaba la historia iba, también, a hacerla. Se sabe que por doquiera que pasó su pequeño ejército -hasta llegar a tierras danesas-, no actuó como una tropa de ocupación: los soldados estaban informados acerca de las costumbres de los distintos lugares por los que pasaban y las respetaban escrupulosamente. De su actitud en Dinamarca es prueba el recuerdo que dejaron y el hecho de que en el país nórdico, en mayo, cuatro exposiciones y un ciclo de conferencias lo evoquen y homenajeen.

Y es que cuando al Marqués de la Romana le llegaron noticias de los trágicos acontecimientos que las tropas napoleónicas provocaban en España, tomó una decisión. ¿Cómo iba a seguir al lado del mariscal Bernadotte? Pero un problema genera otro. ¿Cómo salir de Dinamarca si Bernadotte, sabedor de que los españoles no iban a permanecer impasibles ante las circunstancias, se había encargado de dispersarlos por diversas islas? Ahí es donde va a culminar la gesta del Marqués de la Romana, decidido a retornar a su patria en la que ya reinaba José I - el capitán general y sus tropas se negaron a prestarle juramento-, y donde sus tropas podían ser más que necesarias. Experto en varios idiomas -quizá haya que descatar sus conocimientos en latín- y militar capacitado, se puso en contacto con los ingleses y vuelve a pisar tierra española.

La Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País y la Fundación Instituto de Empresa han organizado, para conmemorar el II centenario de la Expedición a Dinamarca, un cliclo de conferencias - empieza el 28 de enero de 2008 a las 18.30 horas en la Torre de los Lujanes-, dirigido por Feliciano Barros y Alfredo Alvar.

Trinidad de León-Sotelo (Madrid), Expertos e investigadores analizan al Marqués de la Romana y su tiempo, ABC, 28 de enero de 2007

Godoy, qué poco te ha querido el pueblo

Manuel Godoy, el primer ministro de Carlos IV, ha sido históricamente acusado de entregar España a Napoleón y ganarse el favor de la reina María Luisa entre las sábanas. Con motivo del bicentenario del Motín de Aranjuez, que logró su exilio, Enrique Rúspoli, uno de sus descendientes, está dispuesto a limpiar su imagen a través de la reedición de las 'Memorias de Godoy' (La Esfera de los Libros), escritas por el valido y con un estudio preliminar del investigador.

Según Rúspuli, tras dos siglos de bulos y afrentas sobre Manuel Godoy, iniciadas por la camarilla del príncipe de Asturias de entonces, el que llegaría a ser Fernando VII, la figura de corrupto, "choricero" y gobernante fatal está demasiado arraigada en el imaginario popular.

Godoy en la portada de sus 'Memorias'.

Rúspoli sabe que "conseguir borrar esa imagen es muy difícil, aunque en los círculos académicos tengan una visión más objetiva". Además, piensa que muchos actos conmemorativos que se celebrarán con motivo del Dos de Mayo "utilizarán una percepción negativa de Godoy" que no ayudará a contar la verdad sobre el valido.

El primer ministro narra los hechos ocurridos desde su nacimiento hasta la salida de los monarcas a Bayona (Francia), donde accedieron a firmar su abdicación al trono en favor de los Bonaparte. Poco antes, el 17 de marzo de 1808, el pueblo ocupó el palacio de Godoy en el Motín de Aranjuez y forzó su exilio. Fernando VII consiguió que su padre le cediera el trono con otra revuelta dos días más tarde.

'Las desgracias para España'

"Con reservas a entrar en futuribles en la Historia, Napoleón no se habría atrevido a obligarles a capitular si Godoy hubiera permanecido en el cargo", afirma Rúspuli. No hay que olvidar, según apunta el investigador, que Napoleón nunca quiso un conflicto armado contra España y que con el valido de Carlos IV no se cedió ni un centímetro del territorio.

Aunque también es cierto que Godoy había firmado el Tratado de Fontainebleau entre Francia y España para invadir Portugal, por el cual Godoy conseguiría los territorios del Algarve. De todas formas, cuenta Rúspoli, "pronto, Godoy, que fue un gobernante capaz, comenzó a desconfiar de Napoleón".

"Después del motín se sucedieron todas las desgracias para España", asegura el investigador, "la guerra, la pérdida de las colonias, el nefasto reinado de Fernando VII...". Sin embargo, Rúspuli explica que el Motín no tiene nada que ver con el Dos de Mayo. El segundo fue "una auténtica reacción del pueblo madrileño que dio su sangre cuando los franceses querían llevarse a los últimos Borbones de España".

Godoy no escribió sus 'Memorias' en primera persona, sino que se limita a contar su visión del reinado de Carlos IV. Por eso no entra en las calumnias ni amoríos que le relacionaban con la reina. "Olvidémonos de las cuestiones eróticas. Siempre achacamos al sexo los motivos de ascenso", opina Rúspoli.

Según el investigador, la rápida promoción en la Corte de un provinciano sin título nobiliario como Godoy se debió a sus cualidades para el trato personal, y, sobre todo, la necesidad de los reyes de contar con una persona de confianza que les debiera todo a ellos, no como los todopoderosos ministros de Carlos III, a quienes los monarcas odiaban.

Lealtad a Carlos IV

Godoy publicó sus 'Memorias' tras la muerte de Fernando VII por lealtad al padre de éste, Carlos VI, que le hizo prometer que no escribiría nada en contra de su hijo hasta después de muerto. Por suerte para el valido, Godoy vivió 84 años, una barbaridad para la época, sobrevivió a los dos monarcas y pudo resarcir su imagen a través de sus escritos, limpiar su honor judicialmente y recuperar sus bienes. Aunque, exiliado tras el motín, no pudo volver a ver sus posesiones y murió en la miseria. Tampoco le sirvió para lavar su imagen para la Historia.

La reedición se justifica porque era un libro descatalogado y porque esta versión ha sido abreviada, aunque, aún así, cuenta con cerca de 1.000 páginas. El proceso de mutilación sólo ha consistido en suprimir los capítulos de la primera parte referida a sus años de formación. La segunda parte, con los precedentes de la Guerra de la Independencia, está íntegra, y constituye un documento básico para comprender los prolegómenos del levantamiento.


'Memorias de Godoy', estudio preliminar y edición de Enrique Rúspoli (La esfera de los libros). A la venta desde el 4 marzo. Precio: 49.00 euros.

Luis Cano, Godoy, qué poco te ha querido el pueblo, El Mundo, 16 de marzo de 2008

Fallece el abad emérito de Montserrat, Cassià Maria Just

El abad emérito de Montserrat, Cassià Maria Just, de 81 años y enfermo de cáncer, ha fallecido a las cinco de la mañana en el monasterio en el que fue abad durante 26 años.

Fotografía de archivo, tomada el 30 de mayo de 1980, del abad emérito de Montserrat, Cassià

Un portavoz de la abadía ha explicado que el abad emérito ha fallecido en el monasterio, en el que entró cuando tenía 9 años como miembro de la escolanía y, posteriormente, como monje. En diciembre, Cassià Maria Just fue ingresado y dado de alta del hospital Sant Joan de Déu de Manresa tras padecer un ictus cerebral. El funeral se oficiará el viernes, han informado fuentes del Monasterio. La ceremonia religiosa, que será presidido por el Padre Josep María Soler, abad de Montserrat, tendrá lugar a las 10.30 horas en la Basílica de Santa María de Montserrat. La capilla ardiente por Cassià Just se abrirá a las 15.30 horas de esta tarde en Sala de Romerías de la Abadía y permanecerá abierta hasta las 20.00 horas. Mañana se volverá a abrir entre las 15.30 y las 20.00 horas y el viernes se cerrará a las diez de la mañana, poco antes del funeral.

Cassià Maria Just nació en Barcelona el año 1926, aunque vivió y está muy vinculado a la ciudad barcelonesa de Igualada, y fue monje durante 64 años de su vida. Cassià dirigió la comunidad benedictina en los años del posconcilio, la última etapa de la dictadura franquista y la transición, e imprimió a Montserrat su talante abierto y pacificador, que le llevó a acoger en la abadía a creyentes y no creyentes de todas las tendencias políticas.

Protesta por el proceso de Burgos

Entre los ejemplos de este talante destaca el permitir, a pesar del efecto que podía tener en las relaciones entre la Iglesia y el régimen de Franco, el famoso encierro de intelectuales en Montserrat en protesta por el llamado proceso de Burgos, consejo de guerra en el que se condenó a muerte a miembros de ETA.

Defensor desde siempre del diálogo para acabar con el conflicto en el País Vasco, en el año 2000 apoyó al entonces conseller en cap de la Generalitat, Josep Lluis Carod Rovira, cuando se hizo público que había mantenido conversaciones con dirigentes de ETA en Perpinyà y fue cesado por el ex presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall.

En el mundo benedictino participó a nivel internacional en la aplicación del Concilio Vaticano II y ejerció el cargo de Visitador de la Provincia Hispánica Benedictina, de 1989 a 1996.

A partir de su magisterio monástico, publicó unas 'Glosas' para una relectura de la regla benedictina (Publicaciones de l'Abadía de Montserrat, 1981) e impartió numerosas conferencias y ejercicios espirituales, especialmente a sacerdotes y religiosas.

En su defensa de la necesidad de un cambio en la moral católica destacan los posiciones de respeto hacia la homosexualidad, la demanda de una apertura del Vaticano en el ámbito de la sexualidad y de apoyo a la eutanasia pasiva.

Cassià Maria Just tuvo influencia notable en el clero y los religiosos de Catalunya, y mantuvo siempre el contacto y el diálogo con el mundo cultural y político catalán.

Defensor de los Derechos Humanos y de la personalidad catalana, mereció la aprobación de Pablo VI y mantuvo en todo momento la proyección nacional e internacional de Montserrat impulsada por el abad Aureli Maria Escarré, exiliado por sus críticas al régimen franquista.

Fotografía de archivo, tomada el 30 de mayo de 1980, del abad emérito de Montserrat, Cassià Maria Just, en el acto en el que recogió el premio Jaime I

Músico organista

Cassià fue también, y hasta el final de sus días, músico. Entró en la Escolanía de Montserrat en 1939, tras una preparación musical previa durante la Guerra civil con el padre Anselm Ferrer. En la escolanía tuvo de maestro al padre David Pujol y muy pronto mostró su habilidad musical a través del órgano.

Ingresó en el Monasterio de Montserrat el 5 de agosto de 1942 e hizo la profesión solemne el 15 de agosto de 1947. Su ordenación sacerdotal tuvo lugar el 27 de agosto de 1950. Cursó estudios superiores de música, órgano y canto gregoriano en el Pontificio Instituto de Música Sacra (Roma) y amplió los conocimientos de órgano en París, con André Marchal y Norbert Dufourcq.

El 1 de diciembre de 1966 fue elegido abad de la comunidad, después de haber desarrollado las tareas de maestro de novicios y de prior del Abad Gabriel Brasó. Al dejar el cargo en 1989, lo sucedió el padre Sebastià M. Bardolet.

Dentro de la actividad social, colaboró con distintas entidades solidarias, como la Fundación Catalana Tutelar Aspanias, Acció Solidaria contra l'Atur, Fundació Vidal i Barraquer, Fundació per la Pau y la Fundació Cassià Just, que lleva su nombre.

En reconocimiento a su trayectoria, en 1991 recibió la Cruz de Sant Jordi que otorga la Generalitat. Actualmente, el padre Cassià era uno de los organistas titulares de la basílica de Montserrat y desplegaba una notable actividad como guía espiritual.

Fallece el abad emérito de Montserrat, Cassià Maria Just, La Vanguardia, 12 de marzo de 2008

Stanley Payne: "España y Franco no fueron neutrales en la Segunda Guerra Mundial"

El escritor e historiador Stanley G. Payne, especializado en temas hispanos, ha presentado en Madrid su última obra: Franco y Hitler (La Esfera de los Libros). En este trabajo el autor expone la novedosa teoría de que el dictador español no estuvo al lado del Fürher durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y aporta documentas para intentar demostrar que sí mantuvieron contactos durante la contienda, pese a la creencia de que España se mantuvo neutral durante el conflicto. Payne presenta así una investigación "única" hasta el momento.

"Pese a lo que se diga, España no fue neutral", ha afirmado el profesor estadounidense emérito en Historia en la presentación. En las más de 400 páginas que componen Franco y Hitler, Payne despieza las relaciones entre los dos dictadores y cómo el modo de llevarlas y de empezar a superarlas contribuyó a la supervivencia del régimen de Franco.

La parte principal de la obra estudia fase por fase las relaciones entre Madrid y Berlín durante la Guerra Mundial. Sin embargo, se remonta a la Guerra Civil Española durante la cual se estableció el nexo entre el Tercer Reich y el régimen franquista. "Sin la ayuda de Hitler, la insurrección hubiera fracasado", ha dicho el autor. "Aunque Franco debía a Alemania una deuda por su ayuda, España nunca entró en la Guerra Mundial, pero tampoco fue neutral. Se declaró no beligerante, término que se inventó Mussolini", ha explicado Payne para justificar la ayuda española que España dio a Alemania en términos económicos, logísticos y políticos.

La obra explica en detalle cómo España estuvo a punto de intervenir en numerosas ocasiones. "España quiso entrar pero estaba muy debilitada económicamente. Cuando empezaba a recuperarse pidió contrapartidas a Hitler que nunca se las dio y, como dijo Franco en su día, España no podía entrar por gusto", ha contado el historiador. "Franco era más listo y aunque nunca ganó sus objetivos, con la decisión de no ceder evitó cometer el peor error: entrar en la guerra. Su astucia le salvó", ha confesado Payne. "Le costó que al que había creído un amigo justiciero le llamara 'charlatán latino'", ha recalcado el autor.

Documentación inédita

Franco y Hitler también analiza la ambigua posición del régimen franquista con los judíos y es la primera obra que aporta material del plan de invasión de Portugal del que nunca se ha hablado. "Hubo un plan, pero nunca la intención de llevarlo a cabo", ha aclarado Payne.

Pese a la amplia bibliografía que existe acerca de este episodio de la Historia, el libro de Stanley G. Payne aporta muchas novedades. Su autor ha confesado que tuvo acceso a mucha documentación, alguna inédita, y que fue difícil seleccionar. "Un investigador tiene que limitarse porque hay muchos datos", ha dicho.

Stanley G. Payne ha escrito muchos libros dedicados a la historia contemporánea española. En seis meses se publican sus memorias donde dará una explicación detallada acerca de este amor por España. "España hace 50 años era virgen y eso me atrajo mucho", ha adelantado.

Stanley Payne: "España y Franco no fueron neutrales en la Segunda Guerra Mundial", El País, 10 de marzo de 2008

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Valencia exhibe los colores de la cultura republicana

El gesto reflexivo y apesadumbrado de Juan Negrín observa a los transeúntes desde dos grandes pancartas colgadas de las fachadas del edificio renacentista de la Universidad de Valencia, en pleno centro de la ciudad. Esa misma expresión del médico socialista, entonces jefe del Gobierno republicano, protagonizó uno de los periodos más intensos de la historia reciente de Valencia, cuando la ciudad fue capital de la República, durante la Guerra Civil, entre noviembre de 1936 y octubre de 1937. El asedio de las tropas franquistas a Madrid a comienzos del otoño de 1936 aconsejó a las instituciones republicanas (Gobierno, Parlamento, partidos, sindicatos y empresas estatales) trasladar sus sedes a Valencia, para garantizar su seguridad y su legitimidad lejos del frente. No sin cierta polémica, por cierto.

Carteles republicanos en el claustro de la Universidad.

"Valencia pasó entonces de ser una ciudad provinciana de apenas 300.000 habitantes", comenta Edelmir Galdón, comisario de la exposición En defensa de la cultura (1936-1937), "a convertirse en una referencia internacional y en el lugar de acogida no sólo de los principales políticos de la época, sino de intelectuales, artistas y periodistas, desde Antonio Machado o Rafael Alberti hasta Ernest Hemingway o Robert Capa. Hay que recordar que la capital valenciana acogió el famoso congreso de intelectuales antifascistas de 1937. Llegaron también científicos e investigadores y Valencia vivió una insólita producción cultural en apenas un año. Paralelamente, la ciudad sufrió terribles bombardeos por mar y por aire y se vio obligada a adaptar sus infraestructuras, su urbanismo y sus servicios a una situación de emergencia durante la que llegaron unos 100.000 refugiados que huían de combates en otros puntos de España".

Esta exposición sobre la vida cultural en la época integra una de las tres muestras, que permanecerán abiertas hasta el 30 de marzo y que culminan la multitud de actos que la Universidad de Valencia, en colaboración con otras entidades, ha organizado desde finales del pasado año. Las otras dos exposiciones se ocupan de la figura de Juan Negrín y de Libros en el infierno 1939. "Ha representado un esfuerzo formidable organizar todo esto", señala Josep Lluís Barona, profesor de Historia de la Medicina y uno de los responsables de la conmemoración, "pero ha valido la pena. Hemos rescatado una etapa muy relevante y, al mismo tiempo, poco conocida, no sólo de Valencia, sino de todo el periodo republicano durante la Guerra Civil".

Los organizadores han concebido asimismo esta revisión histórica con un sentido de permanencia. Por ello no se han limitado a las exposiciones temporales, sino que han editado una colección de libros clave para entender aquel febril, dramático y, a la vez, riquísimo periodo. Así se ha publicado, bajo la dirección de especialistas en las distintas materias, una colección imprescindible para historiadores e interesados en la época que reúne cinco títulos. Se trata de Valencia, capital de la República. Discursos políticos e institucionales (Antoni Furió); Ciencia y sanidad en la Valencia capital de la República (Josep Lluís Barona y Josep Bernabeu-Mestre); Valencia, capital literaria y cultural de la República (Manuel Aznar Soler); Valencia, capital antifascista. Visiones e impresiones de una ciudad en guerra (Antonio Calzado y Javier Navarro), y Educación, guerra y revolución (Juan Manuel Fernández Soria y Alejandro Mayordomo).

La exposición En defensa de la cultura pone de relieve la importancia enorme que las autoridades republicanas otorgaron a la salvaguarda del patrimonio cultural y, en especial, de los fondos del Museo del Prado que en buena parte fueron trasladados a Valencia. La muestra, que está dividida en tres salas del edificio de la universidad, incluye también obras de artistas valencianos que participaron en la Exposición Internacional de París de 1937. "Fue un momento irrepetible", opina el comisario Galdón, "porque la guerra todavía no estaba perdida, las ilusiones de la población seguían en pie y la ebullición cultural alumbró una auténtica Edad de Plata de la cultura española".Machado, Alberti, Capa o Hemingway vivieron en Valencia durante el conflicto.

Libros en el infierno

En la jerga de los bibliotecarios, el infierno es el lugar destinado a los libros considerados licenciosos o prohibidos, más referidos a cuestiones morales que políticas. Este atractivo título de Libros en el infierno 1939 define la exposición que acoge la Universidad de Valencia y que incluye 187 libros a modo de selección entre los miles de volúmenes que esta institución albergó durante más de medio siglo procedentes de diversos archivos y bibliotecas.

Salvador Albiñana, comisario de la exposición, instalada en una sala de la Universidad de Valencia, comenta que no existen registros documentales de todo este material y resalta, por tanto, las dificultades en muchos casos para conocer su origen. "No obstante", comenta Albiñana, "una parte de los libros de la exposición proceden de las bibliotecas del escritor Max Aub, de Fernando Llorca, yerno de Vicente Blasco Ibáñez, o de bibliotecas de partidos políticos, hospitales o cuarteles". Tras señalar que la exposición está dedicada a María Moliner, que fue bibliotecaria de la universidad valenciana en 1936 y 1937, Albiñana distingue los dos tipos de requisas que se llevaron a cabo durante la guerra. "Las republicanas servían, en general, para socializar el libro, mientras las franquistas buscaban eliminar los libros".

Miguel Ángel Villena, Valencia exhibe los colores de la cultura republicana, El País, 9 de marzo de 2008